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martes, 21 de junio de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa VI

En la media sombra de almacenes suburbanos, su olor a querosén y fruta pasada. En la quieta soledad de poeta mediocre, en el azar de andar buscándote; te busco... de cuando en cuando el destino se disfraza de viento y derriba las catedrales pero casi no se oye su lento reptar por las avenidas, su ánima que urge los inviernos. A veces oigo cómo llega murmurando desde los páramos a moler mi alma.
Desde acá se ve mi casa. Está en un lugar de mí, estoy hecho de ella. Casi puedo oler la madera, el barniz viejo las horas amadas sobre sus baldosas, los clavos herrumbrados en la piel. Casi distingo sus postigos adormilados en un sol del 70’, el papel podrido de las revistas... Desde acá siento la luz morder la tarde, abrirse hecha cielo apuñalando la fatiga del pórtland, los añicos de la siesta desparramados en la acera y veo también maravillas de tiempos en blanco y negro, la guerra de las Malvinas, la revista “Opción” y mis juguetes desarmados por el suelo verdiblanco ... Ya son las tres hay un son moribundo de foco de mercurio en las esquinas, hay un sucio aquelarre de sombras que trepa por mi lengua, que me espera en el colchón en el piso de tablas y mis arterias crecen por la casa como hiedras tupiendo de sangre las ventanas y son las tres... como si nada.

miércoles, 2 de marzo de 2011

DE CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa V

La luna baila en la cintura del cielo como una gota de locura blanca y lampiña. Debajo se aprietan las nubes sobre calles apáticas y solas y un horizonte vago de perros que ladran a tientas hunde sus luces pequeñas en el silencio.
Hoy mi boca está turbia como el fondo de una copa... paso por ventanas que duermen arropadas de viento, lleno de antónimos, perdido en ciudades inmundas.
He sufrido la congoja de la muerte blanca de los estuarios, del miedo de las estatuas amargas, he roto las almas que la noche me ofrece... cánticos secretos de la nada

lunes, 14 de febrero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa XXXVI


El aire se había muerto
en los caminos, en el polvo, en los almanaques de las fondas, en el silencio apilado sobre las tumbas.
Su cadáver transparente yacía tirado a lo largo de la tarde atravesado en el tiempo, llenando las puertas de angustia, abriendo bahías de escombros en las almas, desangrando la esperanza de los relojes.
Se había muerto en las esquinas y los muelles, en la mirada de los parroquianos, en el pecho de Dios, el aire se había muerto. Lo vimos derrumbarse como un árbol, arrastrando al caer la luz, las guirnaldas, la risa y los carnavales, la alegría, los septiembres, las promesas.
Lo vimos caer sobre las plazas como una mortaja, como un granizo...y no supimos qué hacer con toda esa muerte, todo ese dolor desparramado por los techos... no supimos dónde enterrarlo

miércoles, 9 de febrero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR - Prosa XXXIV

Desde acá se ve cómo muere la calle en el arroyo y se convierte en árbol. En un par de horas ya no harán casi sombra las cosas y el sol de enero lo blanqueará todo y seguirá cuarteando las paredes.
Tirada ahí, aburrida de ser gris y chata, la calle Sarandi se ablanda con sus sesenta esquinas, con sus perros babeando amodorrados, con la despareja monotonía en sus veredas, menopáusica, hipocondríaca, llena de pozos y siestas.
Quisiera escribir esto como si fuera un valsesito con todo y alelíes... pero no me da el oído y lo escribo como sale. Porque tampoco me da el amor para amar tanto asfalto, ni me da la poesía para hacerle un soneto a cada esquina (aunque alguna de ellas, quizá, lo valga)
Quisiera ser capaz de cantarle una canción a esta calle, de tenerle compasión, de besarla con mis versos. De aprender alguna cosa que ella sepa y nunca dijo. De saber los rumbos llevados por tantos pies, tantas ruedas...

domingo, 6 de febrero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa XXX

Te busqué, juro que te busqué con denuedo. Me arrastré hasta convertirme en babosa, me hice amigo de oscuros demonios.
Te busqué y al hacerlo, rompí los hilos de la razón, me salieron espinas en el rostro, se me cayó la piel y en su lugar crecieron plantas, las gaviotas se comieron mi voz...
fui a todas las oficinas, hice todas las colas, me paré en cada semáforo, en cada portal, en cada tumba.
Desde lo alto de torres amargas atisbé en pos de tu mirada sin hallar un solo destello, ni una sola letra de tu nombre, ni una traza de tu piel.
Te busqué en los mostradores y las repisas. Te busqué en las costuras de mis bolsillo, en el galpón de las herramientas, los asientos de los ómnibus... en los días de lluvia, en los números del almanaque, en los asilos de ancianos.
Por buscarte se me abrieron las heridas, se descosieron los labios, se quebró mi mirada. Me expuse a los peores ultrajes, los más terribles maleficios.
Ahora que la lluvia me ha quitado el saludo, que los muertos me disputan la palabra. Ahora que me rompí hasta hacerme arena y el viento me ha llevado... tal vez un residuo de mi voz te encuentre y te diga, aunque mas no sea en sueños:
... te busqué... juro que te busqué

viernes, 4 de febrero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR - Prosa III

Carne cruda. Carne de humo que atormenta los mudos vértices. La desnudez de mi voz me asusta conversando con el hollín y la sombra, atada al derrotero derretido de la farsa ominosa, el simulacro de sepulcro que he cavado en mi alma. Huele a carne cruda este amor bifurcado, crucificado en la fachada del cine, germinando muerto en las agencias. Huele a celofán el aquelarre de mis dudas, el último grito de alquitrán clavado en mi sombra como un viento azul que retuerce el tiempo hasta hacerlo sangrar en mi lengua.

miércoles, 2 de febrero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU LADO ANTERIOR- Prosa IX

Mis versos están contados. Poco hay para hacer a ese respecto.
Estuve torciendo la noche para escurrirle algunos cantos, pero sólo chorrearon estrellas y galaxias, y no supe que hacer con ellas más que soltarlas en el arroyo. En el café no había nada. Tampoco en mis ochavas favoritas.
Rebusqué un poco aquí y allá, encontré tempestades y horóscopos, algunos prólogos averiados, dos mapas de Macondo, un frasco de luz de luna importada y un almanaque del año del golero.
Y así salí a la calle, estupidez en mano, paso trasnochado, milongueando preguntas masticadas ya mil veces y siempre desconocidas, con la duda jodiendo como un pedazo de carne entre el canino y la encía, entre las tripas y el alma. Salí disimulando el fastidio de arrastrarme en el fondo del aire, un cangrejo con ropa que piensa cosas que no entiende, burlesco remedo de algún dios imbécil.
Volví cavilando entre el apagón y la puerta, con una tormenta a la espalda, a tientas y solo,
Volví y mi casa estaba muerta. Jarrones y sillas convalecían de penumbra. Marrones y leprosas, estaban muertas las paredes, entré malesquivando muebles invisibles, incómodos emisarios de la rutina. Era tarde en la noche
Volví con olor a ginebra y catálogos sucios, como un forastero bajo mi piel , ajeno a los vacíos que me llenan.... Volví con los versos contados y mi casa estaba muerta.

domingo, 30 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa XII

Negro.
Almas entornadas, servidas al ras, carreteras que abren la carne como dagas de asfalto, animales del crepúsculo trepando en la voz. No se puede pensar en esta penumbra atestada de siglos, con todas esas venas llevando la duda por las horas.
Negro.
La pasión decanta en el fondo de las copas, en los suburbios del paraíso.
Hay un racimo de flores volcadas en el viento, una emboscada sin víctima presagiada en la borra, el sedimento negro del pecado mutilando la noche.
Y el corazón negro y negra la luz tras la cortinas
Como el hollín, negro... como el cuerpo del río mojado con la luna.
Hay unas como ganas de llorar contenidas en el ronco gris que sostiene el paisaje, y la noche, desnuda de estrellas, sigue su rumbo de nubes desbocadas

jueves, 27 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa VIII

Estoy solo, mis manos y mis venas están solas. Hablo y mi voz está sola... y están solas mis palabras.
Subo al fuego tortuoso de las calles que dormitan bajo los tilos como grises lagartos y camino hacia la sombra ingrata. He muerto tantas veces esta tarde que ya tengo mis manos túmidas y secas, como la brizna.
Otra vez me llego al tumulto, arrastro las frases a mi boca y converso con los rostros que cruzan, me atraviesan, y sé que podría reír en la incomoda fiesta de las cosas, en el escenario estúpido de la decadencia, y escapar con todo y costillas por la última hendija.
Sin embargo estoy solo.
A veces duermo en los bancos del cementerio, a veces me repliego en el rincón de los vientos helados, allí acomodo la angustia, la nada que va devorando mis a veces, mis noches infaustas.
Y estoy solo.
Solo en mis secretos que hacen latir su podredumbre entre mis besos, solo con la música espinosa de la rabia, con la vigilia hastiada del caldo nocturno del verano, la desesperante distancia de las cosas que amo,... la ausencia absoluta, el tedio.

domingo, 23 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa XXIII

Tu alma me recuerda una cocina en penumbras, el rumor de mayo en algún patio o la pereza de las esteras en la siesta.
Siempre hallo tus rastros en los paisajes, en el ansia de los relojes o los barcos, en las botellas de anís de otras vidrieras.
Tu alma me recuerda unos versos de Vallejo, con tus aljibes desiertos y plazas trasnochadas, abandonadas a su suerte en el aire azul de las madrugadas.
Creo haberte visto alguna vez, siempre de lejos, alejándote del aire, como un tenue asterismo en el cielo.
Tu alma me recuerda unas viejas esquinas, donde cantaban sus trovas los cantores y el aire olía a pólvora y a río.
Se me ocurre blanca como la niebla, tu alma, como las flores de una orilla, como nubes pintadas.
Tu alma me recuerda unas calles dormidas y unos faroles que sangran su luz de adoquines sobre la noche...
Y en el tiempo mudo oigo tu alma llena de pájaros y casi creo verte guiándome por el espejado silencio del río.

miércoles, 19 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa X

Y morir. Morir sin ropa ni nombre. Morir con el rostro vuelto al cielo, la espalda en el charco, las pupilas vacías. Morir de indiferencia. Dejar que la vida devore mi palabra, los despojos de mi aliento. Morir de pronto, deprisa, dejando atrás la noche, la traición de las fachadas, el aire en los pulmones, la saliva negra del tiempo, el amor preso en los nudillos. Morir con ganas de estar muerto. Con vocación de cadáver. Una multitud de mármol aguarda silenciosa (óxido de lunas echadas a los charcos como blandos cuerpos de talco, polvo de luz exasperando el tiempo) He nacido roto esta noche entre los cascajos de mi rostro he germinado en sábanas como una planta doliente y duelen éstas mis costuras mal cosidas, la carne muerta, el olor sin ventanas de la tumba. Duele la putrefacción en los ojos, el opúsculo de larvas que roen mis tendones. El silencio...

jueves, 13 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR - Prosa XIV

Lo peor es que el jueves apenas zarpa, cargado de proscriptos, y lo que falta de la noche encalla en cárceles de aire que el viento forja y lastima mi soledad con su llanto.
Quiero escribir sobre las musas negras que acampan en mi lengua, quiero deletrear sus nombres arcanos, su voz que devora tempestades, quiero sorber la sal de sus nucas heladas y cifrar su canto con mis dedos, como un heraldo de su vuelo nocturno.
Quiero dejar de vivir en el culo de mi alma y tomar tranvías vacíos para llegar hasta las cosas, mudar mi tiempo a lugares mejor iluminados donde amanezca de vez en cuando.
Tengo ganas de ir a todas partes pero no puedo hacer más que caminar en direcciones erradas. El tiempo ha traicionado mi mirada y no queda nada en los estantes de mayo donde una vez habitaste.
Es de noche, estoy seguro, afuera se descorre un rumor de almacenes que cierran, en pleno junio. Los cajones se amontonan sobre la fruta aplastada en el torpe gris de las veredas. Siento el espesor del cemento bajo los pies, el camino amoratado de las rutas que pasan junto a las fincas abandonadas en los caminos. Siento la necedad de mis necesidades acorralarme contra paredes sin revoque, en el remanso de mi vida, justo cuando faltan cinco minutos para que salga mi tren fantasma, directo hacia un país que ya no existe, sepultado en su indolencia, pisoteado por miles de vacas estúpidas que se paran en medio de las carreteras a mirar sin mirar los camiones.
Tengo ganas de olvidar la soledad en la mesa de alguna fonda anónima, donde uno pueda comer ravioles con salsa y tomar vino barato, y esperar que pare la lluvia mientras los ojos se le desparraman por la vereda, la cuneta, el desagüe. Mientras no queda un viernes en pie a pesar de las fiestas, las lamparitas verdes y rojas, el confeti, los cabezudos... mientras aun sea tarde para empezar a escribir todas las cosas que se escriben con las persianas del alma bajas.
Tengo ganas y no gano para disgustos con las ganas que tengo.
Tengo un tango a rajatabla, un si bemol secuestrado en la punta de mi lengua, un ardid para engañar mariposas, aunque no sea octubre y las ramas de los fresnos se tuerzan al cielo como blasfemando de frío.
Hoy parten los buques al país que llevo hundido en algún lugar de mi vida.
A esta hora están estibando en sus bodegas las piezas de mi corazón desmantelado en el muelle, que pasó la noche bajo el sereno de un miércoles nublado.
A esta hora no hay aleros para mis ojos, ni hay flores en la frontera, ni hay donde caerse muerto, ni hay tu tía.
Es como tener llovizna en las pupilas y no saber cómo borrarla, y andar con el corso a contramano por este andamiaje de calles y esquinas que zumban, ese eterno desencuentro con mis dioses.
Y eso no es lo peor. Lo peor es que el jueves apenas zarpa cargado de proscriptos y con mi corazón desmantelado en sus bodegas.

lunes, 10 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa XVII

¿Acaso es el momento de suspender el café para salir al corredor a buscar querubines? ¿Acaso perderá la cuenta el reloj de los minutos que me reprocha? ¿Acaso es la carne del silencio la que se parte en cuartos y pasillos y cruje al darse vuelta, dormida?
De madrugada todas las calles llevan a Luvina, todos los osarios se abren, toda luz es un robo a la noche.
Se ve en los ojos asustados de los perros que siempre llevan prisa, se ve en el resplandor de la luna que palpa los muros como un flácido molusco: la esencia del infierno es la soledad. Ni los demonios se atreven a sufrirla.
¿Acaso las horas crecen por la noche como plantas amargas? ¿Acaso duele más la belleza por su efímero existir que por poner lo horrible en evidencia? ¿Acaso cabe la esperanza de librar el alma de los símbolos que la encadenan?
De madrugada los mares se vuelven grises o casi no existen, los solitarios siempre se pierden, el dolor se vuelve un viento rancio que arrastra al corazón a los peñascos... de madrugada todas las calles llevan a Luvina.

miércoles, 5 de enero de 2011

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- prosa XXXV

¿Quién leyó las retorcidas cicatrices, los ojos de vidrio, los volúmenes amargos de mi destino?
¿Quién se asomó a ver cruzar mis metáforas por pueblos oscuros, quién las oyó pastar?
¿Quiénes son los que atados a mis pies me arrastran por sus túneles infectos, quién atisba en la mirilla esperando el alarido?...
¿quiénes despellejan mi conciencia?
¡Miren! Los espejos atrapan a los seres reptantes,... los espantajos que una vez fueron dioses.

viernes, 24 de diciembre de 2010

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR - Prosa XXV

Creo en la inmensidad de mis apegos, en el ciego maleficio de mis dudas, en mis noches, burbujas de alquimia con flores de luz, suelo de mis estrellas sembradas.
Creo en los caminos más largos, en el reflejo de mi rostro en las nubes, en la sombra del manzano cuando anochece en el corredor, en el corredor donde aún caminan mis parientes fantasmas, todos los niños que fui, con sus ojitos negros, brillantes, soñadores.
Creo en el verde de las botellas del galpón, la opaca esperanza de su vidrio habitado, en el zumbar de la siesta en la cocina y el olor a jabón del agua de la batea.
Hoy anduve por los canteros del fondo, por todos los canteros de todos los fondos, por los caminos de laja del recuerdo, zigzagueando entre colores y banderas de papel.
Anduve por las tumbas de los perros, por la cuerda de la ropa, con el mentón manchado de frambuesa y los pies desnudos abrazando la tierra negra.
Cruce por el humo de tantas Navidades, tantas nochebuenas bajo lamparitas de 60, con su olor a lechón y a pólvora, con los trocitos de fruta brillando en el clericó bajo los fuegos de artificio... y anduve por la voz de mis amigos, sus manos y sus ojos, su inconsciencia de volverse parte de mi mirada aunque pasen los años y sus rostros se vayan haciendo uno...
Creo que tal vez me urja llorar al terminar éste párrafo, llorar con el llanto de viejos faroles abandonados a la lluvia, lágrimas de azules inocencias, pájaros manchados de hollín en mis ojos, desconsuelo de cunetas anegadas de abril...
Pero no importa porque creo.
Creo en la belleza de lugares que no he visto, en las fiestas y las plazas, en los ojos de las mujeres que pueblan de espinas y dulzura mi memoria, en sus caderas y sus hombros.
Creo en las estrellas fugaces y sus deseos cumplidos, en mis abuelos y mis padres, en las palabras de amor susurradas por los grillos y en los acordes que arranca de mi alma el infinito.

jueves, 16 de diciembre de 2010

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa II

¡Lamento la persecución con la que trato estas líneas! A veces la amargura alcanza mis escenarios y los devora como algún fuego helado y fatuo, a veces la furiosa textura del silencio me fatiga con su penumbrar indigente, y hasta los versos se me echan en contra, mordiéndome la voz, que sangra medio muerta por mis papeles.
Lamento la torpeza de mi existir tan lleno de carne, venas y saliva. He adivinado mi alma en los buzones, pero nunca pude hallarla en este pobre sortilegio de huesos . A veces el amor me cicatriza ahí, sobre la mesa, y el mal tiempo lo llena de larvas que, implacables, lo devoran
Lamento la inocencia de estas líneas perseguidas... ¡lo siento tanto!

lunes, 13 de diciembre de 2010

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- prosa I

Escribiré sobre las últimas fábulas, mis vulnerables paraísos, la elegía marrón de mis ángeles...
Escribiré sobre la sangre brotada en algún lugar del trayecto a tu casa un viernes por la tarde, brotada de mi pequeñez cobarde, del vidrio de mis lágrimas, de la lámpara con plafón de caña. Sobre mi amor nocturno y estúpido, escribiré, sobre las calles desiertas de mi memoria, acobardada sobre los charcos y las vidrieras oscuras y nefastas.
Y escribiré también sobre la casa del flaco, el olor a perfumol, el cestillo de las mandarinas y los sueños, tan posibles a la luz del living, al calor de risas ya gastadas. Escribiré sobre los amaneceres en la parada, la desazón y el desconsuelo, la primavera envejeciendo en un ómnibus a la aduana, y yo y mis pies, sintiendo la sangre latir en el hastío de mis sienes.
Me siento lleno de cuartos vacíos,... me siento sitiado por mis rostros queridos, cercado por las promesas que les debo, los ratos de café compartidos, los alegres manteles de sus cocinas.
Siento las viejas ganas de salir a besar la noche en su boca más honda, recorrerme en el húmedo final de sus callejones, su ombligo brillante y su piel de enero, morena y ardiente.
Siento que se llenan de sal mis palabras, que se pegan a las barandas de los ómnibus, a los espaldares de los bancos, que se cuelgan a la vaciedad como torpes garrapatas, inútiles, patéticas

sábado, 11 de diciembre de 2010

CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- PROSA XIX

Una vez escribí sobre un hombre que vivía tan en lo alto de su ego, que no hallaba la manera de bajar de allí.
Otra vez compuse dos historias: una de ellas, sobre el amor entre dos gotas que vivían a cada lado de un cristal, de la otra no me acuerdo, pero se que vivieron felices.
En una ocasión escribí sobre un escritor que escribía un cuento sin personajes, interminablemente corto y en otra escribí sobre un papel y lo envié al fondo de mis sueños, adonde me consta que llegó, aunque con algo de retraso.
De tanto en tanto trazo sonetos sobre el vientre de la niebla que se disuelven en el viento de otoño. A veces los oigo volver cansados y deslizarse bajo la puerta.
Una vez inventé una fábula de un corazón que quería ser un barco, pero no la escribí.
Y otra vez planté una palabra y creció un árbol.
A veces anoto mi prosa con sangre en las paredes blancas de mi razón y también en sus ventanas o me pongo a plagiarle canciones a las estrellas y las escondo bajo tapetes, para que nadie las barra.
Otras veces no se por donde terminar lo que escribo y me quedo aturdido al final de algún verso, esperando un autobús de regreso o un suicidio altanero y sin rima.
Y vuelvo con las manos rotas de cavar en mi alma, con las ventanas abiertas en el fondo del naufragio.