¡BIENVENIDOS!
Este es un espacio en el que nunca sabrás que vas a encontrar, dibujos, textos, bastante humor y alguna otra cosa. La idea es que te agrade... si no te agrada lo lamento, eso ya no es problema mío. Suerte. Todo el material que se publica está debidamente registrado.
miércoles, 19 de enero de 2011
CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR- Prosa X
Y morir. Morir sin ropa ni nombre. Morir con el rostro vuelto al cielo, la espalda en el charco, las pupilas vacías. Morir de indiferencia. Dejar que la vida devore mi palabra, los despojos de mi aliento. Morir de pronto, deprisa, dejando atrás la noche, la traición de las fachadas, el aire en los pulmones, la saliva negra del tiempo, el amor preso en los nudillos. Morir con ganas de estar muerto. Con vocación de cadáver. Una multitud de mármol aguarda silenciosa (óxido de lunas echadas a los charcos como blandos cuerpos de talco, polvo de luz exasperando el tiempo) He nacido roto esta noche entre los cascajos de mi rostro he germinado en sábanas como una planta doliente y duelen éstas mis costuras mal cosidas, la carne muerta, el olor sin ventanas de la tumba. Duele la putrefacción en los ojos, el opúsculo de larvas que roen mis tendones. El silencio...
Etiquetas:
Corazón visto por su cara anterior,
prosa poética
martes, 18 de enero de 2011
Letra del Blues "el amarillo es injusto" de Elvis Cochito- 1961
Reiniciemos a Dios
El papanatas no sabe donde para el bondí
Y a mi las estrellas me tienen ronco
Parece que hay que soplar por el tubito gris
No, no
El amarillo es injusto
Algunas veces me paspa el sabor de las ardillas
Algunas veces, si
Algunas veces
Reiniciemos a Dios
Las papayas se divierten en la costa
No me digas que no viste al payaso
Que se llevó la meceta de malvones
No, no
El amarillo es en verdad injusto
Algunas veces el corralón parece fúnebre
Solo a veces
Reiniciemos a Dios
A mi me parece que una columnata me perseguía
Pero dobló y se metió a lo Ninón
Debió ser el almíbar de los duraznos
O quizá la rula te está dejando en bolas
No sé, no sé…
Ya no se me ocurre una mierda
Una mierda…
Una mieeeeeeerrdaaaaa…(y ahí termina)
El papanatas no sabe donde para el bondí
Y a mi las estrellas me tienen ronco
Parece que hay que soplar por el tubito gris
No, no
El amarillo es injusto
Algunas veces me paspa el sabor de las ardillas
Algunas veces, si
Algunas veces
Reiniciemos a Dios
Las papayas se divierten en la costa
No me digas que no viste al payaso
Que se llevó la meceta de malvones
No, no
El amarillo es en verdad injusto
Algunas veces el corralón parece fúnebre
Solo a veces
Reiniciemos a Dios
A mi me parece que una columnata me perseguía
Pero dobló y se metió a lo Ninón
Debió ser el almíbar de los duraznos
O quizá la rula te está dejando en bolas
No sé, no sé…
Ya no se me ocurre una mierda
Una mierda…
Una mieeeeeeerrdaaaaa…(y ahí termina)
lunes, 17 de enero de 2011
LA DESVENTURADA EXPEDICIÓN DEL GENERAL LEPIFIÉ
Nota del autor (es decir mía): Para poder entender el texto anterior tenía que publicar éste, así que leanlos en orden inverso... si quieren.
Mirando a través de su catalejos, el general Le Pifié dudó por un segundo que se tratara de ingleses, aquel pintoresco grupo de jinetes sobre la otra colina. Estaban casi desnudos y llevaban plumas en el pelo y collares de huesitos.
Sin duda se trataba de algún camuflaje improvisado por los británicos para despistar y desmoralizar a su tropa.
"Por suerte están bastante lejos, así podremos preparar la defensas" comentó en perfecto francés (lo cual es lógico porque él era francés)
"Disculpe mi general, pero tiene el catalejos al revés" le corrigió su ordenanza(1)
En ese momento los ingleses, que no se hallaban a más de cincuenta metros se lanzaron en una impresionante carga amenizada con gritos y silbidos
Jean Jaques Le Pifié dispuso entonces en cuadro a su tropa con tal celeridad que parecía más bien un cuadro de Picasso (o un cuadro gripal) y se dispuso a resistir, mientras daba la orden de cargar al quinto cuerpo de caballería ligera. Este arremetió con tal ímpetu que cruzó incólume la línea enemiga, perdiéndose a toda velocidad en la lejanía.
"¡Si al menos nos enviaran refuerzos!" Exclamó el coronel Champignon(2) , ofuscado por la gritería y con el uniforme lleno del confeti que lanzaban los enemigos para hacer más bulto.
"¿Le parece momento de pensar en comer?" Le arrostró indignado el general . Ahora también caían serpentinas, una de las cuales se enredó en el pomo de su espada, lo que dificultó enormemente extraerla.
Mientras su tropa veterana respondía al ataque como era habitual: en total desorden y los ingleses causaban estragos, el campo de batalla se transformó en una completa carnestolenda.
El general miró en torno aturdido. Por allá uno de sus hombres era atravesado por una lanza, otro se retorcía en el suelo con la cabeza partida de un sartenazo, más acá el coronel Champignon se retorcía también, pero de risa, horriblemente torturado por dos enemigos que le hacían cosquillas en la barriga.
La cantidad de confeti y serpentinas aumentó a tal punto que ya casi no podía ver, el barullo de pitos, bombos y platillos se hacía enloquecedor. Un cabezudo de papel maché cruzó entre el humo, justo antes de que Le Pifié girara para enfrentar a un enemigo que sintió acercarse por sus espaldas. Este traía entre sus dedos una cáscara de mandarina que apretó frente a los ojos del general.
Enceguecido, cayó de espaldas sobre el cadáver sonriente del coronel. Jamás se volvió a saber de él ni, por supuesto, del quinto cuerpo de caballería ligera...
(1) También en francés, pero no tan perfecto
(2) Esto también en francés.
Mirando a través de su catalejos, el general Le Pifié dudó por un segundo que se tratara de ingleses, aquel pintoresco grupo de jinetes sobre la otra colina. Estaban casi desnudos y llevaban plumas en el pelo y collares de huesitos.
Sin duda se trataba de algún camuflaje improvisado por los británicos para despistar y desmoralizar a su tropa.
"Por suerte están bastante lejos, así podremos preparar la defensas" comentó en perfecto francés (lo cual es lógico porque él era francés)
"Disculpe mi general, pero tiene el catalejos al revés" le corrigió su ordenanza(1)
En ese momento los ingleses, que no se hallaban a más de cincuenta metros se lanzaron en una impresionante carga amenizada con gritos y silbidos
Jean Jaques Le Pifié dispuso entonces en cuadro a su tropa con tal celeridad que parecía más bien un cuadro de Picasso (o un cuadro gripal) y se dispuso a resistir, mientras daba la orden de cargar al quinto cuerpo de caballería ligera. Este arremetió con tal ímpetu que cruzó incólume la línea enemiga, perdiéndose a toda velocidad en la lejanía.
"¡Si al menos nos enviaran refuerzos!" Exclamó el coronel Champignon(2) , ofuscado por la gritería y con el uniforme lleno del confeti que lanzaban los enemigos para hacer más bulto.
"¿Le parece momento de pensar en comer?" Le arrostró indignado el general . Ahora también caían serpentinas, una de las cuales se enredó en el pomo de su espada, lo que dificultó enormemente extraerla.
Mientras su tropa veterana respondía al ataque como era habitual: en total desorden y los ingleses causaban estragos, el campo de batalla se transformó en una completa carnestolenda.
El general miró en torno aturdido. Por allá uno de sus hombres era atravesado por una lanza, otro se retorcía en el suelo con la cabeza partida de un sartenazo, más acá el coronel Champignon se retorcía también, pero de risa, horriblemente torturado por dos enemigos que le hacían cosquillas en la barriga.
La cantidad de confeti y serpentinas aumentó a tal punto que ya casi no podía ver, el barullo de pitos, bombos y platillos se hacía enloquecedor. Un cabezudo de papel maché cruzó entre el humo, justo antes de que Le Pifié girara para enfrentar a un enemigo que sintió acercarse por sus espaldas. Este traía entre sus dedos una cáscara de mandarina que apretó frente a los ojos del general.
Enceguecido, cayó de espaldas sobre el cadáver sonriente del coronel. Jamás se volvió a saber de él ni, por supuesto, del quinto cuerpo de caballería ligera...
(1) También en francés, pero no tan perfecto
(2) Esto también en francés.
domingo, 16 de enero de 2011
UNA MENTE BRILLOSA
Albert Ketchup era un genio. Se había doctorado en Física, Matemáticas, Química, Arqueología, Antropología, Quiromancia, Filantropía, Ecografía, Ortografía y Sintaxis (viajaba en ómnibus) y Ciencias Históricas. Incluso inventó un par de disciplinas para poder doctorarse en ellas.
También tenía vastos conocimientos de Geografía, Periodoncia, Jardinería comparada, Paleografía y Pelota vasca. Sin mencionar sus esporádicas incursiones en Medicina Alternativa, Geología y Repujado en Cobre.
A los diecisiete años había inventado el termo con sun incorporado y el dasculador de hormigas, además de desarrollar una nueva rama de las matemáticas (el cálculo renal) que le permitió crear una ecuación para deducir la composición de la crema chantilly en polvo, calcular el índice de pelotudez crónica en la población y hallar la quinta pata al gato.
En 1993 recibió el premio del instituto Andáseber por su importante labor en la resolución del problema del huevo y la gallina, y en el 94’ revolucionó el mundo de la astrofísica con su descubrimiento de las hemorroides cuánticas que afectan a algunos agujeros negros.
Sin embargo desde 1995 ha abandonado el campo de la física para dedicarse a la investigación geológica. Basado en un artículo publicado en Búsqueda, se interesó por el sondeo de boludio 235 en el territorio de la República Oriental del Uruguay, lo cual podría corroborar sus cálculos sobre los altos índices de pelotudez crónica que afectan al país.
No obstante no hallar el menor rastro del controvertido elemento, Ketchup halló un yacimiento arqueológico de notable relevancia. Se trataba de todo un destacamento de infantería francesa masacrado en un campo de batalla. Entre todos los cadáveres, Albert reparó en uno que llevaba charreteras en los restos de su casaca. Luego de muchos peritajes descubrió que se trataba ni más ni menos que del célebre general francés Jean Jaques Le Pifié. Este increíble descubrimiento venía a explicar porque nunca había llegado a defender Nueva Orleáns.
También tenía vastos conocimientos de Geografía, Periodoncia, Jardinería comparada, Paleografía y Pelota vasca. Sin mencionar sus esporádicas incursiones en Medicina Alternativa, Geología y Repujado en Cobre.
A los diecisiete años había inventado el termo con sun incorporado y el dasculador de hormigas, además de desarrollar una nueva rama de las matemáticas (el cálculo renal) que le permitió crear una ecuación para deducir la composición de la crema chantilly en polvo, calcular el índice de pelotudez crónica en la población y hallar la quinta pata al gato.
En 1993 recibió el premio del instituto Andáseber por su importante labor en la resolución del problema del huevo y la gallina, y en el 94’ revolucionó el mundo de la astrofísica con su descubrimiento de las hemorroides cuánticas que afectan a algunos agujeros negros.
Sin embargo desde 1995 ha abandonado el campo de la física para dedicarse a la investigación geológica. Basado en un artículo publicado en Búsqueda, se interesó por el sondeo de boludio 235 en el territorio de la República Oriental del Uruguay, lo cual podría corroborar sus cálculos sobre los altos índices de pelotudez crónica que afectan al país.
No obstante no hallar el menor rastro del controvertido elemento, Ketchup halló un yacimiento arqueológico de notable relevancia. Se trataba de todo un destacamento de infantería francesa masacrado en un campo de batalla. Entre todos los cadáveres, Albert reparó en uno que llevaba charreteras en los restos de su casaca. Luego de muchos peritajes descubrió que se trataba ni más ni menos que del célebre general francés Jean Jaques Le Pifié. Este increíble descubrimiento venía a explicar porque nunca había llegado a defender Nueva Orleáns.
viernes, 14 de enero de 2011
jueves, 13 de enero de 2011
CORAZÓN VISTO POR SU CARA ANTERIOR - Prosa XIV
Lo peor es que el jueves apenas zarpa, cargado de proscriptos, y lo que falta de la noche encalla en cárceles de aire que el viento forja y lastima mi soledad con su llanto.
Quiero escribir sobre las musas negras que acampan en mi lengua, quiero deletrear sus nombres arcanos, su voz que devora tempestades, quiero sorber la sal de sus nucas heladas y cifrar su canto con mis dedos, como un heraldo de su vuelo nocturno.
Quiero dejar de vivir en el culo de mi alma y tomar tranvías vacíos para llegar hasta las cosas, mudar mi tiempo a lugares mejor iluminados donde amanezca de vez en cuando.
Tengo ganas de ir a todas partes pero no puedo hacer más que caminar en direcciones erradas. El tiempo ha traicionado mi mirada y no queda nada en los estantes de mayo donde una vez habitaste.
Es de noche, estoy seguro, afuera se descorre un rumor de almacenes que cierran, en pleno junio. Los cajones se amontonan sobre la fruta aplastada en el torpe gris de las veredas. Siento el espesor del cemento bajo los pies, el camino amoratado de las rutas que pasan junto a las fincas abandonadas en los caminos. Siento la necedad de mis necesidades acorralarme contra paredes sin revoque, en el remanso de mi vida, justo cuando faltan cinco minutos para que salga mi tren fantasma, directo hacia un país que ya no existe, sepultado en su indolencia, pisoteado por miles de vacas estúpidas que se paran en medio de las carreteras a mirar sin mirar los camiones.
Tengo ganas de olvidar la soledad en la mesa de alguna fonda anónima, donde uno pueda comer ravioles con salsa y tomar vino barato, y esperar que pare la lluvia mientras los ojos se le desparraman por la vereda, la cuneta, el desagüe. Mientras no queda un viernes en pie a pesar de las fiestas, las lamparitas verdes y rojas, el confeti, los cabezudos... mientras aun sea tarde para empezar a escribir todas las cosas que se escriben con las persianas del alma bajas.
Tengo ganas y no gano para disgustos con las ganas que tengo.
Tengo un tango a rajatabla, un si bemol secuestrado en la punta de mi lengua, un ardid para engañar mariposas, aunque no sea octubre y las ramas de los fresnos se tuerzan al cielo como blasfemando de frío.
Hoy parten los buques al país que llevo hundido en algún lugar de mi vida.
A esta hora están estibando en sus bodegas las piezas de mi corazón desmantelado en el muelle, que pasó la noche bajo el sereno de un miércoles nublado.
A esta hora no hay aleros para mis ojos, ni hay flores en la frontera, ni hay donde caerse muerto, ni hay tu tía.
Es como tener llovizna en las pupilas y no saber cómo borrarla, y andar con el corso a contramano por este andamiaje de calles y esquinas que zumban, ese eterno desencuentro con mis dioses.
Y eso no es lo peor. Lo peor es que el jueves apenas zarpa cargado de proscriptos y con mi corazón desmantelado en sus bodegas.
Quiero escribir sobre las musas negras que acampan en mi lengua, quiero deletrear sus nombres arcanos, su voz que devora tempestades, quiero sorber la sal de sus nucas heladas y cifrar su canto con mis dedos, como un heraldo de su vuelo nocturno.
Quiero dejar de vivir en el culo de mi alma y tomar tranvías vacíos para llegar hasta las cosas, mudar mi tiempo a lugares mejor iluminados donde amanezca de vez en cuando.
Tengo ganas de ir a todas partes pero no puedo hacer más que caminar en direcciones erradas. El tiempo ha traicionado mi mirada y no queda nada en los estantes de mayo donde una vez habitaste.
Es de noche, estoy seguro, afuera se descorre un rumor de almacenes que cierran, en pleno junio. Los cajones se amontonan sobre la fruta aplastada en el torpe gris de las veredas. Siento el espesor del cemento bajo los pies, el camino amoratado de las rutas que pasan junto a las fincas abandonadas en los caminos. Siento la necedad de mis necesidades acorralarme contra paredes sin revoque, en el remanso de mi vida, justo cuando faltan cinco minutos para que salga mi tren fantasma, directo hacia un país que ya no existe, sepultado en su indolencia, pisoteado por miles de vacas estúpidas que se paran en medio de las carreteras a mirar sin mirar los camiones.
Tengo ganas de olvidar la soledad en la mesa de alguna fonda anónima, donde uno pueda comer ravioles con salsa y tomar vino barato, y esperar que pare la lluvia mientras los ojos se le desparraman por la vereda, la cuneta, el desagüe. Mientras no queda un viernes en pie a pesar de las fiestas, las lamparitas verdes y rojas, el confeti, los cabezudos... mientras aun sea tarde para empezar a escribir todas las cosas que se escriben con las persianas del alma bajas.
Tengo ganas y no gano para disgustos con las ganas que tengo.
Tengo un tango a rajatabla, un si bemol secuestrado en la punta de mi lengua, un ardid para engañar mariposas, aunque no sea octubre y las ramas de los fresnos se tuerzan al cielo como blasfemando de frío.
Hoy parten los buques al país que llevo hundido en algún lugar de mi vida.
A esta hora están estibando en sus bodegas las piezas de mi corazón desmantelado en el muelle, que pasó la noche bajo el sereno de un miércoles nublado.
A esta hora no hay aleros para mis ojos, ni hay flores en la frontera, ni hay donde caerse muerto, ni hay tu tía.
Es como tener llovizna en las pupilas y no saber cómo borrarla, y andar con el corso a contramano por este andamiaje de calles y esquinas que zumban, ese eterno desencuentro con mis dioses.
Y eso no es lo peor. Lo peor es que el jueves apenas zarpa cargado de proscriptos y con mi corazón desmantelado en sus bodegas.
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